Una Birkin bastará para sanarme
Estas semanas encontré sosiego del algoritmo en el lugar menos pensado: la cuenta de Instagram de Hermès Paris.
El feed de la marca es un oasis de arte hecho por personas, todo junto y en un solo lugar. Rarísimo hoy en día. Quizás no rarísimo para una marca de lujo.
recorte del instagram de Hemès
Hermès es una marca francesa de lujo fudada en 1837, comenzó ofreciendo artículos ecuestres y después se expandió a marroquinería, pañuelos, ropa, relojes, perfumes y otros productos de lujo. Las Birkin y las Kelly son dos de sus carteras más famosas.
Lo que distingue a Hermès no es solo que vende cosas caras. También construye valor a través de producción limitada y trabajo artesanal, creando una sensación de acceso restringido a sus productos.
Comprar una Birkin no es tan simple como entrar al local y pagar. Justamente parte del mito de la marca está en que el acceso parece filtrado, ritualizado. Una especie de side quest capitalista.
El instagram de Hermès me dejó pensando en las cosas a las que les damos valor.
El precio elevado que tienen las carteras de la marca nace de una conjunción de factores, pero el más importante es la escacez artificial y el status que brinda ser poseedor de una.
Hermès podría producir y vender más carteras si quisiera, pero ese no es la estrategia que les funciona. Ellos prefieren la exclusividad generada a através de limitación de stock y acceso restringido a quienes pueden comprar. Para poder acceder a los modelos más codiciados hay que jugar un juego. Ser un cliente prodigio. Demostrar lealtad. O pagar por lo menos el doble del valor en el mercado negro.
Hay algo de misterioso y sectario en el proceso. En la idea de obtener un objeto que fue creado a mano completamente por una persona.
El aura que rodea al objeto que va más allá de su precio.
El arte es similar en ese sentido. Cuando vemos una obra maestra en un museo muchas veces lo que buscamos no está en la imagen. Si total podemos verla replicada cientos de veces. Pero hay algo que solo se genera mirando un original que nos conecta directamente con la mano que lo pintó. Con todo el contexto que hace que esa pieza única esté delante de nuestros ojos.
No creo que hoy en día la intención de Hermès sea que sus productos tengan alma. Me inclino a pensar que como todo objeto de consumo son atravesados por las reglas del capital. Aún así no puedo evitar pensar que una Birkin tiene más alma que cualquier cartera producida masivamente porque es una representación directa del aprecio por lo artesanal. En la era de la automatización la calidez de tener un humano del otro lado se vuelve un lujo.
Y lo mismo pasa con su instagram y todo ese arte, que al final del día es promocional, pero mantiene esa esencia humana que lo hace único y de alguna manera irreplicable.
Ahora nos toca a nosotros encontrar esos lugares donde todavía podemos dejar pedacitos de nuestra alma para que otros los encuentren.
Hola, gracias por leer esta edición de sábado. Sin Códigos se sostiene de la gente que lo lee. Si querés recibir los próximos textos y bancar este trabajo, podés suscribirte gratis o pasar a una suscripción paga.
O también podés:
☕ Regalame un Cafecito o sumate a un plan mensual (el plan mensual no es recurrente, no se asusten)
💌 Compartilo
Ahora sí ¡Nos vemos la próxima!




Cuando pienso en estos se me viene a la mente que en algun momento todo el codigo de las apps mainstream sera generado por AI, revisado por AI con mu poco human in the loop y ahi naceran estas nuevas apps con acceso limitado a usuarios, arquitectura exacta para lo que se necesita y codigo hecho a mano.
Que hace un par de cosas, pero las hace bien sin intentar hacer mas que eso ni pensar en GVM.