Resolución de año nuevo
Estamos haciendo mal eso de que cualquier cosa en la vida que valga la pena requiere trabajo duro
Este año mi única meta real es vivir dentro de lo posible una existencia más amable. Amable conmigo misma y con el entorno que me rodea.
En mi vida y en mi profesión siempre estuvo muy presente el culto al “grind”.
grind figurative, informal (monotonous work, routine), rutina nf
Sí: “grind”, informalmente, se utiliza para referirse al trabajo monótono, pero su significado original es “machacar”. Aplastar hasta transformar algo en polvo. No estoy segura de que destruirnos trabajando sea algo digno de culto.
Se dice que cualquier cosa en la vida que valga la pena requiere trabajo duro. Y, sinceramente, estoy de acuerdo. El problema es que nuestro concepto de trabajo duro está distorsionado.
En mi caso, siempre asocié trabajar duro con disciplina y constancia, pero sin límites: explotando hasta el último impulso eléctrico de mi cerebro. Si no me deja letárgica, no sirve.
Ya lo dijo Bertrand Russell en “Elogio a la ociosidad y otros ensayos”: “La moralidad del trabajo es la moralidad de los esclavos, y el mundo moderno no necesita de la esclavitud.” Somos esclavos por mano propia, justificados bajo las etiquetas de responsabilidad y deber. La sociedad moderna eleva el trabajo extenuante a la categoría de virtud y fomenta un culto a la eficiencia y a la producción incesante, donde el valor de una persona se mide por las horas que entrega al sistema.
Y esto no se limita al trabajo. Incluso nuestros momentos de ocio, nuestras relaciones, todo lo que hacemos, está atravesado por esta necesidad constante de perfección y sacrificio. Vivimos rodeados de vínculos sobreanalizados y hobbies transformados en contenido. Hasta la crianza de nuestros hijos es víctima de la sobreoptimización.
En mi caso, uno de los cambios más radicales que decidí hacer fue el colegio de los chicos. Mi infancia y adolescencia fueron muy difíciles durante los años de colegio, y mi salvación fue conocer amigos de una institución particular y cambiarme ahí. Por eso, para mí era importante que mis hijos fueran al mismo lugar, porque les iba a poder dar las mismas herramientas y facilidades que me dio a mí.
Llevarlos a ese colegio implica una inversión de tiempo: entre tres y cuatro horas por día (contando idas y vueltas). Estar cinco días a la semana, cuatro horas en el tránsito, estaba carcomiendo mi salud mental a pasos agigantados. Pero yo insistí en hacerlo durante tres años porque “cualquier cosa que valga la pena en la vida requiere trabajo duro”. ¿Qué clase de mamá soy si no me esfuerzo para darles lo mejor a mis hijos?
Durante 2025 tuve días en los que me costó mucho estar emocionalmente presente después de las cinco de la tarde, y eso me generaba mucha culpa. Hasta que me di cuenta de que quizás el hecho de manejar todos los días el equivalente a un viaje a la costa no era el mejor uso de mi tiempo (¡ni del tiempo de ellos!). Me costó aceptar que no les estoy dando lo mejor: les estoy dando una versión de lo que yo necesité.
Pero mis hijos, a diferencia de mí, tienen un entorno que entiende por qué nos cuestan tanto algunas cosas. Tienen un sistema de soporte, estrategias y herramientas. Comparar su crianza con la mía es como comparar esas plantas que crecen entre el cemento en la autopista con lechugas hidropónicas. Y lo que ellos necesitan no es que yo maneje cuatro horas por día y exista perpetuamente agotada. Esas horas pueden dedicarse mucho mejor a ayudarlos con sus dificultades, hacer actividades o simplemente regalarnos a todos más tiempo de ocio.
Lo que llama mi atención es que ese entorno lo tienen porque trabajamos en conseguirlo. Armarlo no fue extenuante; al contrario, fue un proceso pensado, lento. Constante, pero con pausas para pensar, informarse, cambiar de rumbo. En ningún momento fue agotador. ¿Será por eso que no lo valoro?
Quizás todos esos libros sobre trabajo duro vs trabajo inteligente tienen algo de razón.
Me cuesta mucho romper el paradigma de vida tranquila == persona vaga. Es muy difícil para mí desatar ese paralelismo entre trabajar duro y sacrificar hasta la última fibra de mi ser. Pero acá estamos. Voy a intentar armar un sistema que me ayude a no caer en viejos patrones, y si funciona se los voy a compartir.
Que 2026 nos encuentre siendo más amables entre nosotros y hacia nosotros.
¡Gracias por leer!
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"...plantas que crecen entre el cemento en la autopista con lechugas hidropónicas".
Creo que esta metáfora sobre la crianza no puede ser más acertada.
Esto de "la vida tranquila" es algo que también me viene removiendo hace algún tiempo, en especial desde que me mudé a Misiones. Como que todo va a otro ritmo. Tengo la suerte de que mi trabajo me deja bastante en paz también (salvando las épocas tan particulares que tiene la industria IT donde todo es para ayer), y hay días en los que me encuentro con que... tengo tiempo para hacer cosas. Y me aterroriza y me da felicidad a la vez.
Loquísimo como el mindset cambia con los años, en especial cuando uno acepta soltar ese vértigo.
Vengo con un pensamiento o tesis atascada de hace tiempo ya casi igual a la tuya Bel.
En el proceso que estamos trabajando incansablemente por los objetivos nos desgastamos a un ritmo donde perdemos la capacidad de disfrutar lo logrado.
Lo que planteas puede ser una respuesta para sanar nuestros cuerpos y mentes antes que sigamos perdiendo más disfrute, más vida.
Gracias Bel ♥️