¿Qué vale un humano en la era de la IA?
Y a quién le puedo preguntar ahora que ya no se usa más Stack Overflow
Esta semana, dos amigos míos que no se conocen entre sí me dieron exactamente la misma noticia: me anoté en una nueva carrera para asegurarme un futuro en la era de la inteligencia artificial. Casi en paralelo, tuve una conversación con mi marido donde me recomendó escribir sobre la caída del uso de Stack Overflow a manos de las herramientas de programación asistida por IA.
Un rato después de esas charlas me encontré con este tweet:
Lo que me queda claro es que en el ambiente de la tecnología somos muchos los que tenemos más dudas que certezas sobre el futuro de nuestra profesión.
Yo, por el momento, todavía no llegué a conclusiones útiles. No sé qué se viene.
En el corto plazo imagino que tendremos una tendencia alcista en ciertas profesiones que funcionan muy bien en conjunto con la asistencia de agentes. Crear un negocio personal que funcione se volvió más simple. También se va a llenar de gurús que nos expliquen cómo emprender usando ChatGPT. Esos seguramente se van a inflar los bolsillos.
Pero pensando más allá ¿Qué nos espera?
En estos días vi dos entrevistas, una a Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, y otra a Geoffrey Hinton, conocido como el padrino de la inteligencia artificial. Ambos tienen conclusiones muy diferentes sobre qué va a pasar con el mundo.
El CEO de DeepMind asegura que la IA nos va a ayudar a resolver problemas de la humanidad como el calentamiento global. El entrevistador le retruca que ya sabemos cómo resolverlo, pero que no lo hacemos porque eso implica que las corporaciones dejen de ganar dinero. Hassabis responde que la solución de la inteligencia artificial radica en quitar ese juego de suma cero del medio: vamos a poder resolver problemas sin dar nada a cambio. ¿Cómo? No sabemos, porque la IA todavía no lo pensó.
En contrapartida, Hinton es mucho más fatalista. Asegura que en el futuro los trabajos serán escasos y muy especializados, y que cómo viva el resto de la gente va a depender enteramente de cómo se reorganice la estructura mundial.
Cuando le plantean la posibilidad de que exista una era de la superabundancia y que todos tengamos un salario básico, el padrino de la IA responde: ¿Y cómo reemplazamos la dignidad que da el trabajo?
Esa, señor, es una excelente pregunta.
El trabajo dignifica
Me acuerdo que cuando éramos más jóvenes mi hermana siempre hacía el chiste de que, si el trabajo dignifica, ella prefería una existencia indigna. Al margen del humor, es innegable que el trabajo, nuestra identidad asociada al trabajo y la dignidad son todas ideas interconectadas.
Nos pasamos toda la primera parte de nuestra vida preparándonos porque algún día vamos a tener que salir a trabajar y sostenernos por nuestros propios medios. La escuela dejó de ser un espacio formativo y social para pasar a ser también parte de la rueda. A tal punto que, en algunas partes del mundo, las familias priorizan a qué jardín de infantes van a asistir sus hijos porque eso les da la oportunidad de ir a una mejor universidad.
¿Y qué nos da ir a mejor universidad? Un mejor trabajo. Gran parte de nuestra vida, incluso antes de que podamos entenderlo, gira alrededor de nuestro futuro laboral.
Previamente hablamos en este espacio sobre cómo, por ahora, el trabajo en tecnología dejó de ser una escalera asegurada al ascenso social ¿Pero qué pasa si la gran mayoría del trabajo calificado deja de serlo?
Cuando Geoffrey Hinton, o cualquier muchacho de mediana edad del Twitter de sistemas, dice jocosamente que el único trabajo asegurado en el futuro va a ser el de plomero, todos asentimos y nos reímos mientras recordamos cómo en la última visita nos sacudieron el bolsillo con un arreglo. Pero, a riesgo de pasarme de solemne, el trasfondo de esa frase es muy triste: ¿Cuántas personas de mi edad son primera generación de profesionales en la familia? ¿Cuántas personas se rompen literalmente el lomo trabajando día tras día para que sus hijos tengan una vida más fácil? No más digna: más fácil. Para que puedan tener un trabajo que sea más amable con el cuerpo y la mente, que no tengan que dejarlo todo ahí y puedan disfrutar más de su tiempo.
Porque si el trabajo dignifica, entonces el conocimiento hace que esa dignidad además sea amable. En el fondo eso es lo que nos están quitando.
Que el nieto profesionalizado de un obrero piense en recomendarle a sus hijos que aprendan a conectar aires acondicionados me rompe el corazón. No porque instalar aires acondicionados no sea digno, sino porque de alguna manera nos posiciona a los humanos de una forma completamente utilitaria. Parece que el único conocimiento que vale la pena tener es el que nos pueda generar dinero.
En abril de 2024, el pensador francés Éric Sadin brindó una entrevista al diario La Nación en la que le preguntaron, entre varias otras cosas, qué tenemos que hacer como sociedad cuando nuestros hijos nos empiecen a plantear que ya no hace falta estudiar porque podemos simplemente preguntarle a ChatGPT.
Su respuesta fue:
La educación es el aprendizaje de la alteridad. La educación en casa es verse solo a sí mismo y eso contribuye al estatuto del individuo tirano. Lo que propongo hacer es tratar de captar las consecuencias sociales, políticas y civilizatorias del ChatGPT. Quizás el utilitarismo nos impide hacer el esfuerzo de captar todo esto. Quizás a los niños haya que hacerles entender que el lenguaje es el lugar de la libertad humana, la pluralidad, la capacidad para construirse como individuo singular, un ser capaz de tener posiciones propias en una sociedad libre y plural; que el aprendizaje de los grandes textos y de la cultura son una ocasión de alegría intensa para la existencia. Podríamos responder también que el seudolenguaje de la IA va a reforzar un capitalismo algorítmico que solo brega por el lucro. Podríamos decir además que son sistemas que van a generar consecuencias de consumo energético más grandes, en momentos en que se dice que hay que modificarlos.
Y el remate de la entrevista es:
Hay libros que cambian una vida; ver un video en TikTok no cambia la vida.
Nunca una frase me causó tantas ganas de desinstalar una app.
¿Cuál pasa a ser nuestro valor como humanos cuando la utilidad desaparece? La sociedad actual no es amable con aquellos que ya no sirven al sistema. ¿Qué pasará cuando todos pasemos a ser innecesarios? O peor aún: qué nueva necesidad se inventará que pasaremos a suplir.
O quizás podamos simplemente “ser”.
No lo sé. Como dije antes, no tengo grandes conclusiones. Pero les recomiendo leer algún libro, porque como dice Sadin, “es una ocasión de alegría inmensa”.
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La primera entrega es un kit con ejercicios prácticos para salir de una crisis laboral y enfocar la búsqueda de nuevas aventuras.
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Excelente número. Si bien es imposible decirle a un niño lo que dijo Sadin y que lo entienda, lo del libro me encantó.