Palantir y la radicalización neurodivergente
Les voy a contar algo bastante personal: No me di cuenta que era diferente hasta que me mudé a un barrio cerrado.
Viví toda mi vida en la periferia de lo mainstream. De adolescente era gótica y otaku. Estudié desarrollo de videojuegos y sistemas. Me moví siempre en grupos humanos donde quedarse una noche entera jugando a ser un elfo del bosque es algo normal. Nunca me sentí particularmente excluida a nivel social ni me costó relacionarme o formar una familia. Siempre pensé que los seres humanos simplemente tenemos diferentes hobbies y los mios eran estos.
Hasta que me mudé a la capital de los neurotípicos.
No les se explicar exactamente que hace que un barrio cerrado sea socialmente tan hostil para la neurodivergencia. Creo que es una mezcla de cosas. En primer lugar creo que hay una exposición mayor al vecino en general. Mucho de lo social pasa por la misma gente: el colegio de los chicos, el club. Los grupos de personas son bastante más homogeneos que en la ciudad. Hay algo de la expectativa y la jerarquía social que claramente no entiendo y de lo que no se participar. No me interesa en la absoluto que auto manejás (a menos que sea un porsche cayenne pero porque es uno de mis intereses especiales).
No les puedo explicar lo que me costó socializar en este lugar. Me siento constantemente como un alien que cayó en el medio de un planeta desconocido. Las mamás del colegio se hicieron recontra amigas entre ellas, se van de vacaciones juntas y conocen a sus familias extendidas. No entiendo en que momento pasó todo eso, es como si se manejaran con un manual que a mi nadie me dió.
Cuando nos juntamos siento que a nadie le interesa lo que tengo para decir. Me siento una planta. No me puedo poner a hablar sobre Palantir o el último paper sobre lo que el uso de la IA le hace a nuestro cerebro. No quiero ser una nerd pedante. Siempre siento que estoy molestando. Así que la mayor parte del tiempo me quedo callada incluso cuando el tema del que hablan me resulta interesante.
Sospecho que algunas de las chicas pensaron por mucho tiempo que soy antipática o tonta. De hecho una vez escuché a una diciendole a otra que yo no me acercaba a ellas porque soy “medio influencer”. Me acuerdo que me quise morir. Chicas no me acerco a ustedes porque no sé como hablarles y no las quiero molestar.
Muchas veces me voy a mi casa pensando en el personaje de Sofía Vergara diciendo “no sabés lo inteligente que sueno en español”. Yo soy igual. No saben lo inteligente y divertida que puedo ser en neurodivergente.
Como dije antes, nunca tuve problema en hacer amigos. Fue tal desconcierto que me generó esta situación que sumado a otras cosas que me estaban pasando (mucha ansiedad, depresión, burnout laboral) decidí salir a buscar que me pasaba. Y lo encontré.
Hoy en día, diagnóstico en mano, entiendo mejor lo que me pasa. Regulo mi energía social. Intento hablar cuando estamos en grupo (hasta hice que se rian de un par de chistes). Probablemente nunca voy a pertenecer del todo pero no importa porque nos podemos comunicar.
Un neurodivergente es una persona cuyo modo de pensar, aprender, procesar información o regular la atención se aparta de lo que socialmente se considera neurotípico. El término se usa dentro del marco de la neurodiversidad para hablar de diferencias neurológicas.
Suele incluir, por ejemplo, a personas autistas o con deficit de atención, dislexia, dispraxia o síndrome de Tourette, entre otras condiciones del neurodesarrollo.
En este tiempo aprendí cosas como que la comunicación entre neurodivergencias suele ser más efectiva porque sigue las mismas reglas y que solemos preferir juntarnos entre nosotros y evitar el mundo neurotípico lleno de reglas no escritas.
Internet está lleno de lugares con tips para sobrevivir mejor el mundo y adaptarlo a los apoyos que cada uno necesita. Y eso me encanta. Que estos temas se hablen abiertamente y que muchas mas personas puedan crecer sabiendo que no están solas y que los acomodamientos para funcionar no son exagerados, simplemente otra forma de transitar el mundo. Que puedan buscar si lo desean, un diagnóstico para entender que les pasa.
Pero también hay un lado oscuro. Espacios donde se habla sobre la superioridad de la comunicación neurodivergente (literal, clara) por sobre la típica (depende del contexto, reglas sociales ocultas). Espacios donde directamente se trata a cualquiera que no sea neurotípico de aburrido o tonto. Donde se habla de características del TDAH, AACC o TEA como “superpoderes”. Como si fueran un siguiente nivel en la evolución de la humanidad.
Siempre me costó mucho entender las razones por las que un grupo humano se radicaliza. A que extremo tenés que llegar para sentirte tan removido de los demás humanos. Pero con estos grupos empecé a ver un patrón y me puse a pensar que tranquilamente me podría pasar a mi.
Que hubiese pasado si en lugar de intentar entender mis diferencias con las mamás del colegio yo decidiera que mi forma de ser es superior. Que soy mejor. Más inteligente. INFLUENCER. Y mientras ellas se van a jugar al padel y tomar vino me quedo en mi casa leyendo un post de reddit donde me dicen que soy la más capa y que lo que todos tratan como discapacidad es en realidad mi superpoder.
Nos perdimos ser la cuna de la superioridad neurodivergente.
Entra Palantir
Palantir es una empresa estadounidense que vende software para recolección y analisis de datos en contextos complejos como defensa, seguridad y finanzas. En el último tiempo fue protagonista de diferentes controversias por sus lazos con el gobierno de USA, y el uso de sus tecnologías para deportación de inmigrantes y persecución asistida por inteligencia artificial entre otras cosas.
Su CEO Alex Karp, se autopercibe socialista y progresista (pero no woke). Democrata, votó a Hillary Clinton y fue donante en la campaña de Biden. Se considera a si mismo y a su empresa como parte de la “superioridad de occidente” decretando que las costumbres de este lado del mundo son las correctas para vivir en sociedad.
En una entrevista reciente le preguntaron que opinaba sobre la inteligencia artificial y el futuro del trabajo y su respuesta fue:
Según Karp, las personas neurodivergentes tienen características que, potenciadas por la IA, los convierten en indispensables para formar el mundo del futuro. Por ese motivo lanzó la Palantir neurodivergent fellowship, un programa para que personas que apliquen a esta descripción se sumen a la empresa para perseguir sus objetivos.
La publicación original hace énfasis en que este programa no está apuntando a la diversidad ni a la inclusión de personas discapacitadas, no vayan a confundirse y pensar que es woke, sino a la búsqueda de humanos excepcionales con características especiales. Los famosos super poderes.
Y así es como la conversación entra en el escabroso espacio de la superioridad, la evolución del humano y tantas otras cosas que nos han costado carísimo en el pasado.
Como persona con muchos problemas en mis funciones ejecutivas la integración de inteligencia artificial en mi flujo de trabajo fue un antes y un después. Siempre dije que me serviría tener un project manager para la vida y ahora lo tengo. Siempre dije que quería poder describir mis ideas y que otro las programe y ahora lo hago.
Lo que está haciendo Palantir me sorprende, pero lo puedo entender. Nunca pensé que iba a vivir para ver la radicalización de las neurodivergencias pero acá estamos.
La fórmula es siempre la misma: Tomar un grupo que se siente incomprendido o dejado de lado, darle algo en que creer y un sentido de comunidad. Generar lealtad y utilizarla para sus propios fines.
Así que si sos neurotípico te voy a pedir que tengas paciencia e invites al raro a jugar al padel. Y si sos neurodiverso que hagas el esfuerzo extra de integrarte dentro de tus limitaciones. No siempre va a funcionar pero al final del día lo que nos une como humanos es más profundo y no hay mejor cura para los prejuicios que la exposición a lo diferente.
Cualquier cosa que hagamos va a ser mejor que la alternativa que nos proponen, eso seguro.
Feliz viernes.
P.D: No se enojen con la que me dijo influencer, ya nos llevamos bien, no me voy a radicalizar
Hola, espero que hayas disfrutado el artículo de hoy. Te cuento que este newsletter tiene también una versión paga con contenido extra mensual. Si te suscribís ganás acceso a todas las anteriores y próximas por el tiempo que dure tu suscripción.
En la última edición paga hablamos sobre como ponerle a nuestro trabajo el precio que corresponde sin miedo.
Todo por el módico precio de USD5 al mes (ni medio quilo de helado) o si se suscriben a la versión anual les queda en USD2.5 (regalado).
Sin Códigos se sostiene de la gente que lo lee. Si querés recibir los próximos textos y bancar este trabajo, podés suscribirte gratis o pasar a una suscripción paga.
O también podés:
☕ Regalame un Cafecito o sumate a un plan mensual (el plan mensual no es recurrente, no se asusten)
💌 Compartilo




Sin considerarme neurodivergente (o al menos no que me lo hayan diagnosticado), me enfrenté a situaciones similares en lugares como reuniones de padres de cole o mismo cuando me puse en pareja y conocí a sus familias, las típicas charlas de fútbol, política o el programa de moda me expulsaban por no saber nada del tema o que directamente no me interese. Por suerte el tener gusto por el cine y las series me salvaron de ampliar la charla porque mientras ellos discutían si Mauricio, si Cristina o quién sea, yo estaba pensando en cuántos niveles me faltaban para terminar el nuevo Doom.