Nadie sabe nada (en tech)
Después de muchos años de hacer lo mismo, la vida se transforma en una repetición de patrones. Todos los proyectos son el mismo proyecto. Todas las reuniones son la misma reunión. Cada equipo de trabajo en el que tuve la suerte o desgracia de participar está compuesto más o menos por las mismas personas.
No soy exactamente “las mismas” personas, pero son representaciones de arquetipos. Definiciones de clase que se instancian en cada proyecto con diferencias superficiales.
Hablo de similitudes en lo laboral, de más queda aclarar que cada persona es, en su aspecto humano, única e irrepetible.
Pero hay formatos que se comparten: el nuevo energético que quiere impresionar a todos, el programador senior que lleva cinismo y definiciones a todas las reuniones, el analista funcional que parece no dormir desde hace una semana. Ese compañero que solo quiere programar y no le interesa ni una sola definición. El diseñador con su taza de colores y una frase quemadísima de Paula Scher.
Me sorprende cómo cada vez que retomo la profesión, incluso después de recesos largos, siempre vuelvo a encontrar este espacio conocido. Hay algo de eso que me da mucha paz, saber que incluso si todo cambia, lo humano se mantiene más o menos igual. Son aguas que ya aprendí a navegar.
A pesar de esta familiaridad, me di cuenta hace relativamente poco de algo que no había notado nunca antes: en tecnología nadie sabe nada. Ni vos, ni yo. Nadie sabe nada.
A ver, clarifiquemos.
Claramente todos sabemos algo, eso que llevamos a la mesa. Pero el trabajo es siempre colectivo porque cada uno de nosotros sabe mucho de una o dos cosas y muy poco de lo demás. No tenemos demasiada noción de qué hacen los otros tampoco. Creemos que sí, pero la verdad es que no.
El mejor ejercicio para probar esta teoría es tomar a un colega que se dedique a un área distinta de la nuestra y contarle qué es lo que creemos que hace. Vayan, prueben ahora. Busquen al PM y pregunten si le pueden contar qué creen que hace. Vuelvan y me cuentan cómo fue.
Esto no es algo malo. Es lo más lindo de la profesión. No sentir que tenemos que construir todo solos, poder llevar nuestra parte y escuchar la de otros sin tener que ponerse mil sombreros a la vez. Es quizás una de las cosas que nos está intentando robar la IA y que más me duele.
El trabajo nunca fue escribir código, el trabajo es escuchar a los demás y ayudarlos a resolver problemas.
Feliz viernes, gracias por leerme. Ustedes no saben lo mucho que aprecio que estén acá.
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"El diseñador con su taza de colores y una frase quemadísima de Paula Scher." Mirá nenita si me vas a agredir al menos arrobame sabés!?!?!! jaj