Manual navideño para no regalar datos
Cómo los detalles más chicos (un cartel, una etiqueta, un reflejo) cuentan más de lo que queremos compartir
Hace algunas semanas se me cruzó por la cabeza que cierta figura pública vive cerca de casa. Mi primera sospecha nació de una story en Instagram. Era un video promocional grabado en lo que reconocí inmediatamente como el estacionamiento de un lugar que frecuento. No es un lugar particularmente glamoroso ni donde usualmente se filmen promos, creo que por eso me resultó memorable. Tras ese evento ocurrieron otros similares. Stories subidas en restaurantes de la zona. ¿Será posible? Quizás si, quizás no. Quizás viene de visita. La verdad tampoco es tan importante, solo un dato de color.
Un día salí a correr y me crucé un auto. Precioso, de esas marcas que no se ven en la calle. A las horas veo el mismo auto en otra promo online. Tiene que ser. Son demasiadas coincidencias.
Investigar cosas que no le sirven a nadie es mi pasión. Mi interés en confirmar esta teoría ya era algo puramente científico. No me interesa en lo absoluto ir a tocarle el timbre ni lo haría jamás. Chusma si, desquiciada no.
Con los datos que tenía achiqué la zona de posible vivienda a dos manzanas. Tomé nota de algunas características que se llegaban a ver en fotos que esta persona sube de forma pública a redes y las comparé datos también de dominio público. No les voy a contar el proceso entero porque tampoco quiero avivar giles. Pero salvo el avistamiento del auto durante mi salida a correr todo el resto de la información está disponible, publicamente, en internet.
Habiendo confirmado mi teoría perdí interés en el tema. Hace dos noches estaba con mi marido tomando un café y ¿Quién entra al establecimiento? La persona en cuestión. Marido me miró horrorizado, cayendo en cuenta que efectivamente se casó con Bebé Reno. Acto seguido se levantó y fue a saludar. Yo me quedé sentada porque chusma si, cholula no.
Que esta anécdota sirva de moraleja. Una persona como yo, sin herramientas sofisticadas ni intenciones maliciosas, con el puro poder de la curiosidad y acceso a internet pudo averiguar de forma tan simple donde vive otro ser humano. ¿Qué nos dice eso sobre nuestra huella digital?
En esta era donde cada dos minutos se filtran todos nuestros datos se vuelve cada día más dificil no regalarse. Un posteo inocente le puede dar a terceros información sobre nuestra vida y hábitos que en las manos incorrectas puede ser peligrosa.
Estas son algunas cosas que conviene no compartir de forma pública:
Ubicación en tiempo real
Dirección o señales del domicilio (fachada, timbre, portero, vistas desde la ventana)
Rutinas y horarios fijos (gym, laburo, recorridos diarios)
Viajes anunciados en vivo
Documentos, tarjetas y códigos QR (DNI, pasajes, credenciales)
Capturas con datos (mails, teléfonos, nombres completos)
Patente del auto y llaves (DEJEN DE SUBIR FOTOS DE SUS LLAVES A INTERNET)
Datos de contacto personales (teléfono / mail principal)
Info de familia/menores (escuela, uniformes, horarios)
Muchos no somos famosos, pero aún así conocemos personas con malas intenciones. Y a veces los detalles que pasan desapercibidos como un cartel o una etiqueta son los que nos delatan. No es necesario transformarlo en paranoía, pero practicar cierto grado de higiene digital es relativamente simple y puede tener un gran impacto en nuestras vidas.
Hemos llegado a la última publicación de 2025. A quienes me acompañan desde años anteriores y a quienes se fueron sumando en el camino les quiero dejar un enorme gracias y que tengan una temporada festiva llena de amor y felicidad. Nos vemos en 2026 para seguir resistiendo al algoritmo.
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