Intersección
Existe un fenómeno social que afecta particularmente a los hombres cuando llega la edad de retirarse del mundo laboral. De pronto se encuentran en una situación donde no pierden solamente su fuente de ingresos, sino que también se desconectan de su círculo social y de aquellas actividades que le daban a la vida un sentido de orden y progreso.
Toda una vida dedicada y ordenada alrededor del trabajo de pronto se desarma y los deja perdidos y desconectados de su identidad.
Un fenómeno parecido se vive entre los programadores hoy. Durante muchos años se vendió la idea del profesional estrella, cuyo valor era generar código escalable. Criados entre mantas de algodón y ravioles al disco para que nada los distraiga de la sagrada tarea de programar.
Hoy en día mucho de ese trabajo lo hace una LLM. Se cayó la máscara. Quizás el trabajo no era tan sagrado como parecía. Podemos argumentar que el código nunca fue el trabajo sino pensar soluciones bien diseñadas.
No importa si la IA programa bien o mal, lo importante es cómo la perciben los que ponen la inversión. Si creen que pueden tener el mismo resultado en menos tiempo y por menos costo lo van a exigir, no importa cuánto pataleo hagamos de este lado avisando que quizás no sea la mejor idea. Nuestras advertencias están destinadas a ser interpretadas como excusas.
Esta situación nos deja ante una intersección: ¿Hacia dónde vamos en términos profesionales?
Estas son algunas posibilidades que veo en el futuro próximo. Puedo estar equivocada o pueden cambiar en cualquier momento, pero por ahora son mis apuestas más fuertes.
Profundizar
Siempre me gustó el concepto de profundizar. Ir a los lugares más recónditos de la profesión, a las fronteras poco exploradas de la tecnología. Cuando las tareas repetitivas son automatizadas, se abre el juego a hacer eso en lo que las LLMs son pésimas: inventar.
Siendo sinceros, la gran mayoría de nosotros trabaja sobre abstracciones creadas por unos pocos que realmente se tomaron el trabajo de profundizar, entender a niveles bien complejos la intersección de soluciones que se termina transformando en un sistema funcional.
Dedicar tiempo a crear nuevas soluciones, nuevos paradigmas. Mejores herramientas para construir las bases. Suena absolutamente tentador y creo que va a ser necesario para mantener la llama del conocimiento viva y no caer en un consumo constante de refritos.
Migrar a producto
Este camino no es nuevo, siempre resultó atractivo al menos para un porcentaje de profesionales. La diferencia es que ahora está siendo también impulsado por la industria, lo que lleva a que más programadores nos cuestionemos la posibilidad.
Las personas técnicas en roles de producto traen muchas ventajas, principalmente la capacidad de detectar riesgos en procesos sin necesidad de tener mil reuniones por día. Y miles de otras cosas más. Del mismo modo también traen otros problemas como una rigidez innata y una marcada tendencia al tecnocratismo.
Por más que nos guste negarlo, tenemos la tendencia a pensar que muchos de esos puestos son especialistas en humo y vibras, pero en realidad las iniciativas y sus resultados pueden ser trabajados con marcos de trabajo y datos. Igual que el código.
Como dije antes, esta es mi apreciación de las cosas. No tengo todas las respuestas y honestamente desconfío de quien diga tenerlas.
En las próximas ediciones voy a profundizar más sobre el camino de migrar a producto: qué implica, qué se gana, qué se pierde y cómo navegar esa transición sin perder la identidad en el proceso.
¿Me acompañan? ¡Espero que sí!
Hola, algunas novedades. Primero que nada, les quiero agradecer todos los comentarios y mails que me mandaron en la última edición. Leí todos, no respondí ninguno porque me abrumó la emoción. Les prometo responder <3.
Lo segundo es que ya pueden reservar espacios de consultoría 1:1 directamente desde mi página. Están limitados y voy a ir renovando stock dependiendo del tiempo que tenga disponible. ¡No cuelguen!
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