Independiente y precarizada
Por que elijo trabajar freelance a pesar de todo
“Eso es precarización laboral” debe ser uno de los comentarios que más aparecen cada vez que comparto en redes un post sobre trabajo freelance. Admito que ese planteo me pone incómoda y más de una vez me hizo cuestionar si debería seguir compartiendo ese tipo de contenido. Me persigue el fantasma de estar desconectada de la realidad y parecerme a los techbros que tanto intento evitar. Al final del día me ataca la duda ¿Estoy ayudando o solamente soy un pequeño engranaje que mantiene en funcionamiento este sistema roto?
Yo no quiero precarizar a nadie. Mi mamá siempre cuenta que mi abuelo lo quería mucho a Perón porque le dio aguinaldo y vacaciones pagas. No llegué a conocerlo, me pregunto si él también se enojaría con mis videos.
Entiendo de dónde viene el reclamo. Tener trabajo en blanco con aguinaldo, vacaciones, aportes jubilatorios… es un símbolo de dignidad. Pero hoy esa promesa se rompió para mucha gente.
Tener un contrato en blanco no significa salir de la pobreza. Según el panorama social de América Latina 2023), cerca del 20% de las personas en los estratos de ingresos bajos en América Latina tienen empleo formal.
Además, el salario promedio pierde poder adquisitivo real en países como Argentina, Colombia y México, donde la inflación supera sistemáticamente los aumentos salariales. La OIT advierte que el empleo formal ya no garantiza protección frente a la pobreza ni estabilidad financiera en contextos de crisis económica persistente.
¿Por qué freelance?
Mi intención cuando comparto contenido sobre trabajo freelance está anclada en mi propia historia. Yo nunca me sentí a gusto en el mundo laboral tradicional. Me abruma la interacción social y las reglas no escritas. Perdí entrevistas y ascensos por no “entender reglas sociales” que para otros son aparentemente obvias. Tuve más de un problema por ser demasiado sincera o frontal para decir las cosas (y no entender por qué, si supuestamente esas cualidades son valoradas en la comunicación).
Ya lo conté mil veces pero entre 2022 y 2023 boché como diez procesos de entrevista seguidos todos en la entrevista CULTURAL habiendo pasado las técnicas. Me sentí un alien durante mucho tiempo y recién ahora estoy empezando a entender que parte del problema es que mi cerebro funciona distinto.
Antes de 2022 tuve muchos trabajos formales y en blanco para los que pasé entrevistas, entonces ¿Por qué de pronto ya no puedo?
Es todo culpa de la pandemia
¿Conocen el concepto de masking? Es cuando una persona neurodivergente camufla sus comportamientos naturales para parecer "neurotípica", adaptándose a normas sociales aunque eso sea agotador o angustiante. Por ejemplo forzarse a mantener contacto visual, copiar expresiones faciales, o reprimir conductas naturales.
Durante el tiempo que estuvimos guardados entre 2020 y 2021 no tuve que fingir. Estaba a gusto en mi casa con mi pan de masa madre y mi trabajo remoto. Y algo definitivamente se rompió porque cuando salimos de esa fue cuando ya no pude pretender ser un ser humano agradable. Mi vieja máscara ya no es lo que era.
A ver, no creo ser desagradable, pero supongo que he pecado de sincericidio en más de una ocasión. Como cuando le conté a un lider técnico que estaba haciendo otro challenge y me bochó porque “se notaba que no estaba comprometida con la empresa”. Y no Gabriel, obvio que no estoy comprometida, si todavía no sé si me van a contratar. Si estás leyendo esto Gabriel, sos un boludazo.
En fin. Volvamos.
Así como me pasa a mi, el sistema laboral tradicional expulsa a mucha gente. No a todos por los mismos motivos. A veces es por locación y distancia, otras por logística familiar, a veces por discapacidades de cualquier tipo, a veces es simplemente que el universo laboral tiene ritmos muy neurotípicos y al que no encaja lo rajan.
Pero muchas veces también es porque el trabajo formal se volvió más exigente y menos humano.
Horarios infinitos, procesos de selección absurdos, expectativas irreales de disponibilidad, y cero contención emocional. Según el reporte “Mental health at work” (WHO / ILO 2022), el burnout por sobrecarga y malas condiciones laborales es una realidad incluso en empleos formales.
La trampa del freelance “aspiracional”
El problema, como todo en la vida, es cuando nos quieren vender una idea inflada de las cosas. Trabajar desde donde quieras, libertad incondicional, ser tu propio jefe.
Estas promesas tienen una intención clara: Cada vez más empresas reemplazan la relación laboral tradicional con figuras de precarización encubierta. Contratación de freelancers “falsos” (es decir, sin independencia real), outsourcing disfrazado, o vínculos de consultoría que operan como empleos sin derechos.
La OIT y la BID identifican esta tendencia como “formalidad aparente” donde el trabajador factura como autónomo, pero en la práctica cumple un rol estable, subordinado y sin beneficios. Una estrategia empresarial para evadir aportes.
Ser freelancer tiene muchas cosas negativas, entre ellas la pérdida de derechos laborales. Uno pasa a tener contratos por tiempo limitado, si no podés trabajar un día nadie te lo paga. Si querés irte de vacaciones tener que preveer eso en tu calendario para poder juntar el dinero que te falte ese mes. Si, el universo no lo permita, te accidentás o te enfermás de algo grave y no podés trabajar los ingresos desaparecen automáticamente.
Según datos de la OIT, más del 40% de los freelancers en plataformas en América Latina no tiene ningún tipo de cobertura de salud o seguridad social. Y solo alrededor del 20% tiene acceso a cobertura por desempleo. La mayoría vive en una cuerda floja constante.
También genera dificultades en otras áreas de la vida, como por ejemplo la complicación para conseguir alquiler sin un recibo de sueldo o la capacidad de generar historial crediticio.
Y todo eso sin contar la operativa del día a día, la presión de conseguir contratos, la ansiedad cuando se vienen un par de meses de sequía. Para muchos, el trabajo independiente no es elegir autonomía, es aceptar inestabilidad a cambio de sobrevivir.
Esto no quiere decir que el trabajo en blanco sea 100% seguro, pero la existencia de leyes laborales nos da algunas salvaguardas a problemas comunes y el trabajo independiente bajo esa luz parece un retroceso.
Obviamente ser freelance no tiene solamente cosas malas. Con el tiempo y la experiencia uno empieza a armar sistemas que funcionan para suplir todas las falencias de este tipo de trabajo pero eso no tiene que distraernos de la realidad: El freelance no es liberador por defecto. Y sin una buena red de contención termina siendo una trampa de precarización.
Ahora, si pienso todo esto ¿Por qué lo elijo?
Masoquismo. La respuesta siempre es masoquismo.
No, mentira.
Lo elijo porque creo que bien diseñado puede ser una herramienta concreta que nos permita volver a ser un poco dueños de nuestro tiempo, ingresos y salud mental.
Para mi no es emprender y nada más. Es diseñar un ingreso que es compatible con mi forma de vivir actual. Me permite pasar más tiempo con mi familia y acomodar horarios alrededor de otras prioridades que no tengan que ver con el trabajo. En el ecosistema laboral actual no sé si otro modo podría darme lo mismo.
Lo importante al final del día es que sea una decisión nuestra y no algo impuesto por la necesidad o los intereses corporativos de empresas que quieren maximizar ganancia ¿Podemos estar seguros si es decisión nuestra o el sistema nos empuja? Creo que no.
Es como esa frase “no hay consumo ético bajo el capitalismo”. No se puede escapar del todo. Estoy segura de que dada la posibilidad muchos de nosotros estaríamos en el bosque juntando moras. Pero bueno, dentro de las alternativas existentes quizás podemos construir algo más sano.
El freelance es un camino solitario
Cuando comparto contenido al respecto no es para vender humo de libertad ni para invitar a todos a renunciar. Lo hago porque creo que hay otra posibilidad: usar esta forma de trabajo como una herramienta para rediseñar cómo queremos vivir, trabajar y sostenernos. De alguna manera es tomar nuestra propia precarización por las riendas.
Si nos juntamos podemos repensar la modalidad. Construir sistemas de precios dignos, compartir recursos, crear espacios de cooperación. Tender redes para hacer de forma colectiva, poder formar alianzas y usarnos de apoyo. Quizás de esa manera empujamos para que el trabajo sea en mejores condiciones.
No se puede escapar del sistema. Pero podemos encontrar grietas y en esas grietas, hacer espacio para otra lógica, una donde el trabajo no nos consuma, no nos enferme y no nos aísle. Una donde podamos dejar de sobrevivir para empezar a vivir. En comunidad, con límites claros y horizontes más brillantes.
Quizás el punto es cambiar el “¿Puedo vivir de esto?” a ¿Cómo quiero vivir? Y diseñar desde ahí.
Feliz viernes.
¿Me-con-tratan?
✊ Hola. Les quiero dar las gracias por todos los comentarios, saludos y cafecitos en la edición anterior. Ahora que se que me leen me puse nerviosa, pero voy a sobrevivir. Gracias por el amor.
Les cuento un DATAZO sobre los Cafecitos: Si van acá☕ Regalame un Cafecito y le dan al botón de pagar con tarjeta pueden donar desde cualquier lugar del mundo. Y como yapa el logo y la UI los diseñé yo así que me están regalando dinero a través de mi trabajo (?.
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Yo estoy en un "limbo" al trabajar solo como docente, trabajo bajo relación de dependencia pero salvo las horas que estoy dando clase, el resto lo manejo como freelance, y es cierto todo lo que vos decís con respecto a la libertad de poder reorganizar mis horarios según me convenga y poder pasar más tiempo con mi familia cuando lo necesito, de hecho no me veo nunca más teniendo que compartir una oficina de 8 a 16 todos los días, y fui muy feliz en la época en la que podía dar todas mis clases online, si bien se perdía una conexión con los alumnos porque no te prenden una cámara ni que les pongas un 38 en la cabeza. Creo que llegué a un balance pero también sé que varía mucho en cada persona y hay gente que realmente necesita eso de la rutina y la interacción con personas todos los días.