Creer o reventar
Qué pasa cuando mezclamos espiritualidad, tecnología y la ilusión del azar
Hace unos años estaba de vacaciones en Villa Gesell, emblemático balneario de la costa bonaerense. Con mi marido y nuestro hijo mayor (por aquel entonces hijo único) íbamos camino a cenar con mis suegros. Al llegar al restaurante, solo quedaba un pequeño hueco para estacionar. Le sugerí a Juan buscar otro lugar, pero él, con su confianza habitual, se mandó. En un solo movimiento de volante acomodó el auto como si nada.
Lo miré sorprendida y dije, en tono automático: “Es creer o reventar.”
Juan se tentó y la risa no paraba. Mis suegros, desconcertados, lo miraban sin entender. Cuando pudo respirar, me pidió que explique como su maniobra era “creer o reventar”.
No supe qué decir. ¿Algo sobre la fe en uno mismo? ¿Sobre confiar en el proceso? Poco tiene que ver el destino con saber estacionar en paralelo. Pero todos nos reímos y desde entonces, cada vez que pasa algo apenas improbable, Juan me mira, repite la frase y se ríe como si estuviera presenciando un milagro ao vivo.
Lo gracioso es que él es escéptico. De los que no creen en nada.
Yo, en cambio, soy de esas personas que hablan con el de arriba 1-1. Que busca señales. Que prende las velas el viernes y a veces le pide una ayudita al universo mientras amasa pan. Que se ríe de sí misma, pero igual deja la pregunta abierta: ¿y si hay algo más?
Entonces… ¿ustedes creen en algo?
Creer… o reventar
Yo me pienso como una persona espiritual pero no religiosa. No me convence el dogma porque creo que muchas veces está demasiado atravesado por la ambición humana y por estructuras de poder que terminan por vaciarlo de sentido. Aun así, me gusta creer. Me gusta la idea de que hay algo. Aunque a veces ese algo se me escapa. Vivo debatiéndome entre el más crudo de los nihilismos y la sospecha persistente de que, en el fondo, hay algo ahí.
Creer en algo, lo que sea, modifica la forma en que leemos el mundo. No solo nos hace ver distinto; nos hace interpretar distinto. Lo que para uno es casualidad, para otra persona puede ser una señal. Una coincidencia se vuelve mensaje. Una sensación, advertencia. Si la realidad es, al menos en parte, una construcción de nuestras percepciones, entonces creer también es moldear esa realidad. O peor, vivirla como si fuera inevitable.
La espiritualidad y la tecnología parecen a primera vista estar en extremos opuestos. Una opera en el plano de lo sutil y simbólico. La otra en el terreno de lo duro, lo medible, lo real. Una habla de fe y la otra de datos.
Pero hay algo que las une, aunque parezca contradictorio.
Es invisible, inasible, omnipresente. Es el algoritmo.
¿Destino, o hiperpersonalización algorítmica?
¿Escucharon hablar de los tarotistas de TikTok?
Millones de personas abren TikTok o YouTube y encuentran un video, un mensaje que parece personalizado. Una lectura de tarot interactiva que nos pide elegir un mazo. Un mensaje canalizado. Una lectura que afirma con voz suave, “si estás viendo este mensaje te encontró en el momento indicado. Sin descripción, sin hashtags”.
Para quienes creen la experiencia es profunda. No están buscando ese mensaje —al menos no concientemente— pero el video aparece y su mensaje parece alinearse con la realidad como si recibirlo fuera cosa del destino.
¿Qué hay detrás de estas lecturas colectivas? ¿Magia? ¿Destino? ¿Un algoritmo haciendo su trabajo?
Hoy vamos a explorar cómo funcionan los sistemas de recomendación de plataformas como TikTok y YouTube, por qué son tan buenos prediciendo lo que queremos ver, y cómo eso puede hacernos sentir que un mensaje fue “hecho para nosotros” cuando en realidad es parte de un ciclo de datos, atención y refuerzo algorítmico.
No se trata de desacreditar la experiencia —cada quien elige si creer o reventar— sino de entender el mecanismo detrás de esa sensación de destino. Porque si el algoritmo nos conoce tan bien que puede emocionarnos, consolarnos o inspirarnos... vale la pena entender qué le estamos enseñando a mostrar.
Oráculo moderno: Cómo TikTok y YouTube eligen lo que vemos
Para entender por qué parece que estos videos “llegan cuando los necesitamos”, tenemos que entender cómo funcionan las plataformas que los muestran. Ni TikTok ni YouTube muestran contenido al azar. Eso de “sin descripción, sin hashtags” es mentira. TikTok sabe de qué se trata un video, y en la mayoría de los casos no necesita hashtags.
Si una cuenta es nueva y todavía no está catalogada obviamente el texto ayuda, pero en cuanto el algoritmo entiende que tipo de usuario resuena con ese contenido el texto pasa a segundo plano.
Lo que aparece en el feed es el resultado de sistemas altamente entrenados que aprenden, minuto a minuto, cómo pensás, qué te interesa, cómo estás emocionalmente… todo a través del comportamiento en la app.
En el caso de TikTok, su algoritmo se basa principalmente en tres señales:
Interacciones: cuánto tiempo mirás un video, si lo repetís, si le das like, lo comentás o lo compartís. No hace falta darle “me gusta” porque si lo ves hasta el final ya es señal de que te atrapó.
Características del contenido: Música, estilo visual, el tipo de creador. Si te gustan los videos con cartas, voz suave y fondo de estrellas, el sistema lo aprende y te muestra más de lo mismo. Sin hashtags.
Configuraciones del dispositivo: ubicación, idioma, horario. No pesan tanto como el comportamiento, pero pueden influir en qué temas aparecen más en tu región o franja horaria.
En YouTube, el mecanismo es similar: analiza qué videos clickeás, cuánto tiempo los ves, si comentás o si te suscribís. También usa tu historial completo para entender tus intereses a largo plazo.
Lo importante es esto: el algoritmo aprende de vos, y aprende rápido. Con ver un par de videos de tarot por curiosidad ya es suficiente para que tu feed se llene de canalizaciones, lecturas energéticas, astrología y mensajes “que llegan para quien lo necesite en el momento indicado”. Pero el algoritmo también es inteligente: no nos satura con el mismo tipo de contenido, lo va mechando con otras cosas, lo que le da un toque más especial.
Otra particularidad de estas plataformas es que el contenido no se muestra de forma cronológica. Días e incluso semanas después de publicados los videos se siguen recomendando lo cual ayuda a esta noción de que es el destino quien nos acercó ese mensaje.
Y como estos contenidos están pensados para generar reacciones fuertes como asombro, consuelo, validación el ciclo se refuerza: el video emociona, lo miro entero, el algoritmo toma nota. Me muestra más. Lo vuelvo a mirar. Y así nace la ilusión de que “todo esto está pasando por algo”.
Pero lo que hay detrás no es magia. Es un sistema estadístico entrenado para mantener nuestra atención el mayor tiempo posible. No nos conoce, más bien nos predice como un patrón.
El rol del lenguaje místico
Una de las claves del fenómeno espiritual en TikTok no está en las cartas ni en el algoritmo, sino en un lenguaje compartido. Frases como:
“Este mensaje es para vos.”
“Si estás viendo esto, no es casualidad.”
“El algoritmo te trajo por una razón.”
“Esto te va a encontrar cuando lo necesites.”
… no son improvisadas. Son gatillos emocionales diseñados para enganchar con nuestras estructuras mentales más profundas.
¿Por qué funciona este método? Porque activa mecanismos psicológicos que nos inclinan a creer lo que escuchamos:
Sesgo de confirmación: cuando queremos creer algo (que alguien nos piensa, que todo pasa por algo), vamos a buscar señales que lo confirmen. El lenguaje místico refuerza ese deseo con tono de verdad revelada.
Apofenia: la tendencia natural del cerebro humano a ver patrones donde no los hay. Un mensaje generalizado se siente específico si coincide con algo que ya estábamos sintiendo o pensando.
Búsqueda de sentido: especialmente en momentos de incertidumbre o dolor emocional, buscamos significados. Si un video dice “esto te va a ayudar a sanar” justo cuando te sentís vulnerable, es fácil atribuirlo al destino.
Frases como “Esto no es para todos, pero si resuena, es tuyo.” convierten contenido genérico en una experiencia personalizada. No importa que miles de personas vean el mismo video, cada quien lo siente como un mensaje directo del universo.
Los creadores aprovechan estas mecánicas y le dan instrucciones claras a su audiencia. Una de las más comunes es la de comentar “Yo reclamo” para que la energía del video “te llegue”. Cada comentario es una señal al algoritmo de que ese video nos va a mantener en la plataforma.
En términos estratégicos, es brillante: convierte compromiso emocional en engagement algorítmico. Esos “Me gusta”, “compartir” y comentarios alimentan la visibilidad del contenido, que a su vez refuerza el mismo patrón de resonancia espiritual en otros usuarios.
A mi me encanta el tarot, de hecho uno de mis muchos tatuajes es uno de los arcanos mayores. Pero para ser sincera no me interesa mucho como herramienta de adivinación. Lo que me pasa es que el tarot es un caso exquisito de análisis semiótico. Es una herramienta activa de producción de sentido. Un sistema de signos visuales, simbólicos y narrativos que construye significados de lo más variados.
Si una imagen vale más que mil palabras una carta de tarot vale cien veces más. Un mismo símbolo puede interpretarse de múltiples formas según el estado emocional del consultante y de la dirección que le de quien hace la lectura.
Por ejemplo la frase "Veo que estás pasando por una transformación" puede significar una ruptura, una mudanza, una decisión laboral, o simplemente ansiedad generalizada. Como la vida es cambio constante, el mensaje siempre resuena con algo real.
Al igual que el horóscopo, el tarot y demás canalizadores de mensajes se benefician del efecto Forer, el fenómeno psicológico según el cual las personas tendemos a aceptar descripciones vagas y generales como si fueran personales y únicas.
“Sos alguien que a veces duda de sí mismo pero también tiene un gran potencial.” Aplica para vos, para mi, para todos.
Cuando el tarot es consumido como contenido, es el espectador quien completa el sentido. La carta no dice "te va a dejar tu pareja", dice "una etapa está terminando, y eso puede doler". Si estás en crisis amorosa, lo proyectás ahí. Si estás cambiando de trabajo, también.
La persona co-crea significado según su estado emocional. Por eso el mensaje se siente "justo para mí".
Echo chamber espiritual
Nada de esto es tan terrible en si mismo. Como dije antes yo no soy ajena a creer (lo prefiero a reventar) pero no es lo mismo ir a una tarotista o que una amiga te lea tu carta astral que tener a una empresa multimillonaria influyendo en la forma que se distribuye el mensaje. Cuando un algoritmo de caja negra se mete entre nosotros y nuestra espiritualidad todo se puede torcer y usar con fines no tan nobles.
El algoritmo no sabe que pasa con nosotros por fuera de la app. No tiene ética ni empatía y no le interesa si nos está ayudando o empujando al abismo ¿Qué pasa si nos lleva a idealizar vínculos rotos por ver cien lecturas que dicen “va a volver” o posponer decisiones porque “el universo te está dando señales”?
En estos contextos, la espiritualidad ya no contiene, más bien manipula.
El algoritmo no dice la verdad, nos muestra lo que queremos creer para mantenernos enganchados y que sigamos mirando.
Eso genera un entorno cerrado y emocionalmente cargado que parece mágico pero en realidad opera bajo reglas capitalistas donde la moneda de curso es nuestra atención. Si las emociones generan engagement, el sistema va a seguir alimentando eso para llenarle los bolsillos a los miembros del board.
Tomar los medios de adivinación
Volviendo a mi punto inicial quiero aclarar que como persona que “en algo cree” no escribo esto ni para burlarme ni para dar sermones sobre qué tipo de contenido consumir. De hecho para muchas personas, a pesar de entender como funciona, la experiencia sigue siendo transformadora y reconfortante. A mi incluso me divierte de tanto en tanto consumir este contenido (y tengo mis brujas de TikTok preferidas)
Como en todas las áreas de la vida el conocimiento es poder y entender los mecanismos detrás de las plataformas nos puede ayudar a consumirlas de manera consciente y a cuestionarnos si el mensaje que llega es realmente divino o un conjunto de unos y ceros que se niegan a soltar nuestra atención.
Y sobre todo para quienes tenemos sobre nuestros hombros la titánica tarea de criar en lo digital, entender los intereses que se esconden detrás de contenido que parece inocuo, nos da más herramientas para acompañar en las aguas turbias del algoritmo.
Al final del día no importa tanto si creemos en los mensajes, signos del universo o las tiradas de TikTok. Lo verdaderamente importante es por qué determinados mensajes resuenan con nosotros. Muchas veces las respuestas que encontramos nos hablan más de nuestras búsquedas, miedos y esperanzas y no tanto de un futuro determinístico e inevitable.
Y ustedes ¿Qué prefieren? ¿Creer… o reventar?
Acá es donde les pido que comenten yo reclamo. No, mentira. Gracias por el tiempo, nos vemos la semana que viene.
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Fuentes y lecturas recomendadas
YouTube Reveals New Details About Its Algorithm, Search Engine Journal, 2020.
Q&A: If you're seeing this, is it meant for you?, Penn State News, 2024
“Whoever needs to see it, will see it”: Algorithmic Conspirituality on TikTok, CSCW 2025,
“Scarily Accurate” TikTok Tarot Readings, Writer’s Block Magazine, 2021.
TikTok Tarot Readings Are Predicting My Future, Teen Vogue, 2020.
La imagen usadar en la portada fue tomada de pexels.com y su autora es Alina Vilchenko.




La respuesta en todo la diste vos: "Como en todas las áreas de la vida el conocimiento es poder", después cada uno decide qué hacer con eso
Dios te bendiga 🙏🏻