Cómo navegar una crisis profesional
Porque hasta las carreras más exitosas tienen altibajos
Cuando empecé mi carrera en tecnología, no sabía muy bien qué quería hacer. Fue una mezcla de interés y necesidad de trabajo inmediato. Mi primera experiencia laboral en blanco fue un puesto de control de calidad. Literalmente lo primero que conseguí. El nivel de entrada era mucho más bajo que para un puesto de desarrollo y me daba algo que yo necesitaba desesperadamente: un trabajo part time para pagar cuentas y seguir estudiando.
Empezar mi carrera en otro “rubro” dentro de IT hizo que desde el principio se me presentaran oportunidades de crecimiento muy distintas a las que normalmente le aparecen a un programador junior. Me ofrecieron la oportunidad de ser líder de equipo, de formarme en tecnologías específicas y de especializarme en todo el mundo del control de calidad. Aprendí sobre automatizaciones y procesos, y de haber querido podría haber seguido por ese camino para siempre.
Con ya muchos años de experiencia bajo la manga hice el cambio a desarrollo y no volví a mirar atrás. Al principio todo era nuevo y brillante, finalmente tenía ese puesto que quería y podía estar del lado de la construcción. Pero después de muchos años esa llama se apagó. Porque hay un lado B a cualquier carrera larga que empieza en el momento de estabilidad, cuando llegamos a un techo de sueldo, los proyectos son todos iguales y los desafíos ya no… desafían. ¿Para dónde corremos en ese momento?
Más que una crisis existencial
Las carreras rara vez se mantienen lineales. Es parte de la naturaleza del trabajo, donde las habilidades técnicas necesitan apoyo ya sea de otras habilidades técnicas o de habilidades blandas que den soporte y estructura en el día a día.
Esta mezcla de habilidades que se desvía de la norma es lo que nos diferencia como profesionales de los otros cientos de miles de personas que “hacen lo mismo”. Es nuestro “capital de carrera”.
El concepto de capital de carrera (career capital) me lo encontré en el libro So Good They Can’t Ignore You de Cal Newport. Si bien el libro no me parece una lectura necesaria, creo que el concepto nos sirve para entender mejor cómo podemos rearmar nuestro perfil para salir del molde sin empezar de nuevo.
¿Qué es el capital de carrera? Es el conjunto de habilidades raras y valiosas que acumulamos con los años y que después podemos usar como moneda de cambio. Bien usado ese capital se puede transformar en más autonomía, mejores proyectos, impacto, mejor sueldo, cambios de posición o lo que sea que busquemos.
Lo que Cal nos dice es que, en lugar de buscar la pasión correcta, acumulemos capital para después elegir dónde invertir.
El gran problema es que muchos de nosotros acumulamos capital sin un diseño o un plan. Nuestra carrera nos va llevando y, en el envión del momento, aprendemos un poco de una tecnología o de un tipo de arquitectura, un poco sobre manejo de equipos, un poquito sobre diseño de redes, seguridad y quién sabe cuántas cosas más.
Entonces, cuando llega el momento de la crisis, sabemos que necesitamos un cambio, pero no tenemos ni idea de qué queremos ni de quiénes somos realmente (al menos laboralmente hablando).
El primer paso, entonces, es entender quiénes somos y listar todas nuestras habilidades y experiencias. En este paso es importante el autoanálisis, pero también entender qué ven los demás en nosotros. Contar con una visión externa nos puede abrir posibilidades que ni se nos ocurrieron.
Relectura personal
Para empezar, lo mejor es hacer una revisión personal sobre nuestro capital de carrera. Como quien se pone a ordenar el inventario de pociones en un juego de rol o el último cajón de la cocina. ¿Es un perno? Sí, pero es absolutamente necesario como primer paso.
Cuando hablamos de “inventario de capital de carrera”, son todas esas cosas que sabemos hacer y podemos aplicar en lo laboral. Por ejemplo, en mi caso serían años de dev, experiencia dando clases, escritura técnica, hablar en público, pensar productos, diseño, ilustración, etc.
La realidad es que rara vez uso todas las cosas que sé hacer en un trabajo. Por eso también parte del proceso de ordenar es separar las habilidades en grupos: dónde no quiero invertir mi tiempo, qué habilidades quiero usar más.
Por ejemplo, si sabemos que queremos enfocarnos en roles técnicos, quizás podamos dejar de lado algunas habilidades de soporte que serían necesarias en un puesto de management. Pero también, al mismo tiempo, ese puesto puede exigirnos ser embajadores o facilitadores de temas, entonces tenemos que sacar a relucir nuestras habilidades de comunicación.
Como mencioné más arriba, es importante no quedarse solo con lo que pensamos de nosotros. Pedir opiniones de amigos, superiores y colegas sobre nuestras virtudes y defectos ayuda a documentar nuestro perfil profesional.
Explorando nuevas pieles
Una vez que tenemos más o menos ordenadas las habilidades, es momento de pensar dónde queremos aplicar todo ese conocimiento. En este punto del proceso todavía no hace falta imaginar un rol específico; alcanza con definir algunos objetivos generales.
Acá aparecen dos preguntas clave: ¿cuál es la fuerza detrás de esta crisis? ¿Por qué quiero un cambio? En una carrera madura el deseo de cambiar puede venir de lugares muy distintos: aburrimiento, agotamiento, curiosidad, necesidad de más estabilidad o de más libertad. Ponerle nombre a eso ayuda a elegir mejor la dirección.
Para este paso a mí me gusta pensar en rutas posibles, por ejemplo:
Ruta de la “profundidad técnica” (IC senior / staff / principal)
Usar capital técnico para resolver problemas complejos y ganar autonomía. Ideal para profundizar en lo técnico sin tener gente a cargo ni tanta exposición.
Ruta “mentor” (tech lead, EM, mentoring pago, coaching técnico)
Convertir experiencia en soporte a otras personas: menos código, más conversaciones, decisiones y acompañamiento. Acá el foco está en cuidar procesos, personas y resultados.
Ruta “especialista” (seguridad, accesibilidad, performance, DX, etc.)
Referente de un área muy específica, combinando conocimiento técnico con mucho capital de carrera. El objetivo es ser la persona a la que llaman cuando aparece ese tema puntual que no cualquiera puede resolver.
Estos son solo ejemplos: las rutas cambian según los intereses de cada persona. Podrían también orientarse a ser profesionales independientes, armar una pequeña cartera de clientes o enfocarnos en trabajar en una empresa específica porque nos gusta la cultura o lo que representa en el CV. Lo importante es poder traducir ese deseo en algo más amplio que un simple título de rol.
Una vez que tenemos más claro hacia dónde queremos ir, toca comparar ese perfil imaginario con nuestro capital de carrera actual. ¿Tenemos todo lo que necesitamos para dar el salto? ¿Hay algo en lo que nos falte formarnos de manera más específica para acercarnos a esa nueva piel?
Manejo de expectativas
Las crisis son siempre desestabilizantes, por eso hoy les doy permiso para bajar la ansiedad. Es hora de soltar la idea de que nos debemos estar 100% felices con nuestra carrera todo el tiempo. No hace falta vivir en una epifanía laboral permanente. Mucho más importante me parece transitarla con un margen de curiosidad. Dejar espacio para hacer preguntas y cuando surja la necesidad, probar algo distinto.
Las carreras no son líneas rectas, tienen temporadas. En algunas la prioridad es facturar y estabilizar, en otras la exploración. Y aunque nos quieran hacer creer que es una mala palabra, también existen las temporadas de descansar.
No todas las temporadas son épicas. Algunas son grises y burocráticas. Otras son raras, incómodas, llenas de dudas. Todas son en algún punto necesarias y muchas veces inevitables. El problema empieza cuando confundimos una temporada, un rol o una empresa con una identidad.
Incluso por fuera de una crisis laboral creo que es importante sentarse cada tanto a evaluar nuestro capital de carrera y entender quiénes somos profesionalmente con todo nuestro potencial.
Reinventarse no es abandonar, es otra cosa. Es mirar el recorrido propio con nuevos ojos y otro criterio, reconocer el capital de carrera, entender qué partes preferimos dejar de lado y cuáles merecen un escenario mejor. Es animarse a mutar pero dentro de la propia experiencia.
Eso es todo por esta edición. ¡Gracias por leer!
Pssst, muchas gracias por todos los comentarios fantásticos que dejaron en el último post. Yo sabía que éramos una pequeña familia neurodivergente. Tengo pendiente escribir sobre el proceso de evaluación, no me olvidé, se los prometo.
Gracias por el apoyo siempre <3.
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Muchas gracias por la nota Bel, estoy navegando una crisis profesional enorme y me apareció justo la nota. Me encantó la idea de saber cuál es nuestro capital. Saludos!
Como persona que recientemente eligió su season finale en pos de una ruta nueva-pero-también-vieja, muy bienvenido es este newsletter y adhiero por mil.
Lo importante es entender cuál es nuestro capital, ordenarlo y entender para qué queremos usarlo. Darle lugar a nuestro deseo conjugado con la caja de herramientas que tenemos es clave.